viernes, 12 de julio de 2013

Dios está en todas partes


Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras. 
Apocalipsis 2:1, 2.

Estas palabras proceden de los labios de Alguien que no puede mentir. La descripción revela eterna vigilancia. Cristo está en medio de los siete candeleros de oro, caminando de iglesia en iglesia, de congregación en congregación, de corazón en corazón. El que guarda a Israel no duerme ni descansa. Si el candelero fuera dejado al cuidado de agentes humanos, cuán a menudo la luz titilaría y se extinguiría. Pero Dios no ha puesto a la iglesia en manos de hombres. Cristo, el que dio su vida por el mundo para que todo aquel que en El cree no se pierda mas tenga vida eterna, es el genuino Guardián de la casa. Es el Vigilante fiel y verdadero de los atrios del templo del Señor. Tenemos motivos para agradecer a Dios porque no dependemos de la presencia de sacerdotes o ministros terrenales. Somos guardados por el poder de Dios. La presencia y la gracia de Cristo es el secreto de toda vida y luz.

Cada negación del yo, cada manifestación de un espíritu mezquino y codicioso, se registra en los libros del cielo. Un Guardián santo toma nota de cada palabra y acción de nuestras vidas y pesa cada motivo que mueve a la práctica. La mano que trazó las letras en la pared de palacio de Belsasar está en todas partes, escribiendo: “Dios está aquí”. El está presente en cada lugar. Todas nuestras palabras, todos nuestros planes, todos nuestros motivos secretos son pesados en balanzas de infinita justicia y verdad.

¿Nos hallará el Salvador compasivo y abnegado carentes de ternura, amor y compasión por aquellos por quienes El dio su vida? Dios nos ha otorgado gratas oportunidades de servicio. Nos ha provisto de preciosos talentos, y somos responsables ante El por el uso que hagamos de ellos. Si los empleamos sabiamente, el Señor nos llamará colaboradores de El. Si nos limpiamos de toda impureza, de sentimientos egoístas, algún día oiremos la bendición: “Bien, buen siervo fiel”. Mateo 25:21.

Bajo la inspiración del Espíritu Santo, Ana, la madre de Samuel, dijo: “Porque el Dios de todo saber es Jehová, y a él toca el pesar las acciones”. 1 Samuel 2:3. David afirma: “Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón; pesándolos a todos igualmente en la balanza, serán menos que nada”. Salmos 62:9. Isaías declara: “Tú, que eres recto, pesas el camino del justo”. Isaías 26:7. Y Salomón escribe: “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero Jehová pesa los espíritus”. Proverbios 16:2.

No hay en el corazón motivo alguno que el Señor no lea. Lee cada propósito, cada pensamiento. Manuscrito 99, del 12 de julio de 1902, “Un pueblo santo”.*

miércoles, 3 de julio de 2013

Planes sencillos de Dios

Los planes de Dios son sencillos


Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Juan 1:12.


Cristo, la Majestad del cielo, vino a esta tierra en forma humana, manifestando bondad, simpatía y amor divinos por la raza caída al colocarse a la cabeza de la familia humana. Vino a redimir a los pecadores y a vestirlos con su justicia. Como Salvador del mundo, estuvo sometido a tentaciones. El enemigo lo atacó en todo punto. Constantemente se aproximó a El con la sugerencia de que si transigía con el mundo podría ganarlo.

Cristo es nuestro ejemplo... Aunque estaba en el mundo, no era del mundo. No se conformó a las prácticas mundanas para alcanzar el propósito de su vida. No se complació a sí mismo. Debía mantenerse dentro de la norma más elevada. Cualquier desviación de la más estricta rectitud moral hubiera echado a perder toda la obra de su vida.

A fin de salvar a la humanidad, Cristo descendió al nivel de ella... Vino a esta tierra para ser tentado en todos los puntos, tal como son tentados los seres humanos. En el desierto Satanás se aproximó a El y lo asaltó en los grandes puntos en los cuales ataca a los hombres, pero el Salvador no cedió ante el enemigo. No fue vencido ni en un solo punto, aunque las tentaciones fueron tan reales para El como lo son para nosotros hoy.

Los fariseos trataron constantemente de apartar a Cristo de los principios del gobierno de Dios. Ostentando una gran profesión de piedad, trataron de inducirlo a desviarse de su alianza con Dios. Satanás había persuadido a muchos hombres a desviarse de los principios diciéndoles que el fin justifica los medios. Razonando desde un punto de vista humano, se excusan a sí mismos por hacer el mal diciendo que la causa de Dios ha de resultar beneficiada por su conducta infiel. Esta desviación de los santos principios del Cielo los ha colocado en las filas del gran engañador...

Cristo vino a esta tierra humana para inaugurar una reforma espiritual. Vino a mostrar cómo el hombre puede descartar toda ostentación y exhibicionismo; cómo puede vivir de acuerdo con los principios puros y vitales de la reforma. Vino a instituir un plan por medio del cual el carácter humano pueda llegar a ser puro. Por su gracia, desea colocar a los hombres y a las mujeres muy cerca del trono de Dios.

Las leyes del reino de Cristo son tan sencillas, tan concisas y a pesar de ello tan completas, que cualquier adición de factura humana sólo crearía confusión. Y cuanto más simples sean nuestros planes para trabajar en el servicio de Dios, más será lo que lograremos. Estudiando cómo adoptar los planes de origen mundano en su obra para Dios, los hombres trastornan los planes humildes y sencillos de Dios, que son los que El desea que se sigan para el engrandecimiento de su reino.

Manuscrito 53, del 30 de junio de 1901

martes, 2 de julio de 2013

Manténganse en Ascenso

Manténgase en ascenso


No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2. 



Dios no aceptará nada menos que una entrega total. Los cristianos profesos, fríos y pecaminosos arruinarían el cielo si se les permitiera entrar en él. Incitarían allí a una segunda rebelión. Aquellos que conocen la verdad y sin embargo no exaltan a su Autor, nunca ingresarán en la ciudad de Dios. El cielo sería un purgatorio para ellos, porque no conocen los elevados y santos principios que rigen a los miembros de la familia real de lo alto.

Las instrucciones que Cristo ha dado son tan preciosas y tan definidas que nadie tiene por qué dar un paso en falso... No pensemos que porque nuestros pies han marchado por senderos tortuosos, todos los demás cristianos profesos han hecho lo mismo. Aquel que en el pasado tuvo la costumbre de criticar comience a ascender la escalera al cielo, manteniendo sus ojos fijos en la luz que está en lo alto.

El verdadero cristiano tiene las ventanas del alma abiertas al cielo. Vive en comunión con Cristo. Su voluntad se conforma a la voluntad de Dios... ¿No nos comportaremos, en los pocos días de prueba que nos quedan, como hombres y mujeres que procuran vivir en el reino de Dios una eternidad de dicha?

Debemos esforzarnos fervientemente por alcanzar el nivel puesto ante nosotros. No hemos de hacerlo como una penitencia sino como el único medio de lograr la verdadera felicidad. El único modo de obtener paz y gozo es mantener una relación viviente con El, quien dio su vida por nosotros, el que murió para que pudiésemos vivir y el que vive para aunar su poder a los esfuerzos de aquellos que en esta vida lucha por vencer.

La santidad es un pacto constante con Dios. ¿No seremos lo que Cristo tanto desea que seamos: cristianos de hecho y en verdad, de modo que el mundo pueda ver en nuestras vidas una revelación del poder salvador de la verdad? Esta tierra es nuestra escuela preparatoria, y mientras estemos aquí enfrentaremos aflicciones y dificultades. Pero estamos seguros mientras nos aferramos al que dio su vida como sacrificio por nosotros...

En la escuela preparatoria de la tierra debemos aprender las lecciones que nos harán idóneos para ingresar en la escuela superior, donde la educación continuará bajo la dirección personal de Cristo. Entonces nos revelará el significado de su Palabra. No podemos permitimos perder el privilegio de ver su rostro y oír el Evangelio de sus labios. ¿No pondremos íntegramente nuestras almas a la obra de prepararnos para ser admitidos en la escuela superior, donde veremos a Cristo cara a cara?

Manuscrito 61, del 2 de julio de 1903,
“Entrega sin reservas”.*